jueves, 23 de febrero de 2012

Don´t lecture me! ¡No me des lecciones!


Este artículo cuyo título en castellano podría ser: ¡No me des lecciones! Repensar cómo se desarrolla el aprendizaje universitario, cuenta la experiencia de dos profesores de física Joe Redish de la Universidad de Maryland y Eriz Mazur de Harvard  y que se cuestionaron si su manera de enseñar era la más adecuada.
Joe Redish explica que el término lecture (lección en castellano) que se utiliza en inglés para denominar las clases universitarias, viene de la época previa a la existencia de la imprenta, donde quien tenía el libro, lo leía mientras los demás copiaban su contenido.
El profesor se dio cuenta de que enseñando de una manera tradicional, no llegaba a la mayoría de sus alumnos. Se planteó pues una modificación de las clases teniendo en cuenta los procesos cognitivos de aprendizaje e los alumnos. Atendiendo por ejemplo a la duración de los conceptos en la memoria a corto plazo, la atención y analizó su propia experiencia de aprendizaje cuando estaba en la universidad.

Eriz Mazur se dio cuenta de que con el método tradicional de enseñanza, los alumnos aprendían mucha información de memoria sin llegar a entenderla. 
Normalmente en las clases universitarias, los estudiantes acuden sin haberse leído los textos básicos y utilizan la exposición del profesor para decidir qué es relevante y qué no. Mazur decidió invertir este orden, por lo que trabajaba con los alumnos para que antes de llegar a clase, se leyeran los textos básicos. Para asegurarse de que lo habían hecho y estaban preparados, Mazur creó un cuestionario previo que debían rellenar antes, por último les preguntaba a los alumnos cuáles eran sus dudas, utilizando las respuestas que le daban, realizaba un test de respuestas múltiples que utilizaba para la clase.

Es ésta la experiencia de dos profesores que reflexionando sobre su práctica y sobre cómo llegar a conseguir un mejor rendimiento en las clases, han cambiado su manera de enseñar, experimentando con esto una mejora en los resultados de aprendizaje del alumnado.
Recomendamos la lectura del artículo completo: Don’t Lecture Me: Rethinking How College Students Learn

jueves, 16 de febrero de 2012

Negar al alumnado las controversias sociocientíficas supone robarle la esencia del conocimiento


Juan Bautista Martínez Rodríguez nos habla en este artículo de la supresión de la asignatura de Educación para la ciudadanía.
La razón de suprimir la actual “Educación para la ciudadanía” para el ministro José Ignacio Wert es retirar de esta asignatura el “conocimiento controvertido”, eliminar las controversias éticas y sociales  para que quede el conocimiento indiscutido, la verdad única y absoluta. Este argumento recogido de las bases del positivismo decimonónico por la iglesia católica pretende que la educación sea un conjunto de conocimientos descontextualizados, asépticos, apolíticos, amorales, estáticos, en definitiva, sin sentido. Olvidan nuestro querido ministro y sus “expertos” asesores que el motor del conocimiento científico es precisamente la controversia, el debate, la pluralidad de perspectivas y de enfoques, la visión desde paradigmas y supuestos diferentes cuyas tradiciones científicas se han y se seguirán construyendo socialmente.
Justamente  en el siglo XXI los grandes problemas de la ciencía suponen auténticas controversias científicas, y funcionan como un motor de la producción científica y tecnológica. Porque la calidad de una democracia depende de la adecuada comprensión por parte de la ciudadanía de los problemas a resolver, entre ellos los relativos a cuestiones científicas y tecnológicas.  El británico Durant[1] destaca que la ciencia representa también aquello que más críticamente influye sobre la manera en que nuestra cultura funciona. Y alerta sobre las consecuencias de la falta de un adecuado conocimiento de la ciencia por parte del público porque la democracia es siempre difícil, pero sin un nivel mínimo de comprensión pública del conocimiento científico, debemos cuestionarnos si ésta es siquiera posible.
Pero, dada la insistente preocupación de los sectores ultraconservadores de nuestro país, en realidad el problema lo sitúan en negar algunas controversias sociocientíficas que les preocupan especialmente aquellas sobre la teoría evolutiva y la dogmática de la religión católica así como la concepción de la vida y la procreación humana y biopolítica. A este desmesurado énfasis añaden la necesidad de justificar el papel que asignan a las mujeres en la estructura de poder eclesiástico enmarañándose en una extraña visión acerca de las teorías del género.
Parece, pues, que la “nueva” política educativa consiste en retirar la capacidad de debate y reflexión de estudiantes, profesores y familias. Se trata de retirar del curriculum las verdades controvertidas, aislar al alumnado de los intereses y condiciones que mueven nuestras comunidades. Adoptar una actitud (anti)pedagógica y paternalista con la finalidad de no hacer partícipe a los jóvenes de aquellos asuntos y problemas fundamentalmente discutibles cuyo conocimiento adquieren por los medios de comunicación. No hablar de sentimientos, de sexo, de problemas, de discrepancias, de desigualdades, evitando el conocimiento experiencial e impidiendo conocer las claves fundamentales del funcionamiento de nuestra sociedad y de la necesidad de vivir con otros.
Todo ello ¿para qué?. Pues para que el conocimiento sea el de siempre, las ciencias sociales sean descriptivas, las lenguas formalistas, las ciencias algorítmicas, las artes congeladas, olvidando que la realidad del conocimiento se vive en la propia experiencia y en las experiencias colectivas. Todo ello para que funcione el consenso patriarcal y xenófobo en donde los “otros” son o desiguales o enemigos. Por esa razón no puede ponerse en el curriculum escolar las controversias tratadas en educación para la ciudadanía y defienden que las verdades sean indiscutibles, el pensamiento sea un dogma y la realidad indescifrable, evitando ópticas y miradas que no sean las de las jerarquías religiosas y políticas conservadoras, las cuales se deben defender de la capacidad de que las y los ciudadanos piensen, reflexiones, descubran y se independicen del pensamiento único.


[1] Durant, J. R. 1990. “Copernicus and Conan Doyle: or, why should we care about the public
understanding of science”. Science Public Affairs, Vol. 5, No. 1, pp. 7-22, en 10.

martes, 14 de febrero de 2012

Gimeno Sacristán propone rescatar el pensamiento de Paulo Freire para combatir la crisis del pensamiento y las prácticas educativas


El profesor José Gimeno Sacristán estuvo conversando con Edisson Cuervo Montoy y como resultado de esta plática, surgió esta entrevista publicada en la revista Uni-pluri/versidad 
Exponemos a continuación algunas de las ideas principales de la entrevista realizada al profesor  en la Facultad de Educación de la Universidad de Antioquía (Medellín) aunque animamos a leerla entera pues ayuda a reflexionar sobre factores clave de la educación como son la globalización, las evaluaciones externas de la educación, la pobreza, o la violencia.

Gimeno Sacristán considera que la mejor manera de combatir la crisis de legitimidad del pensamiento y de las prácticas educativas es recuperar el discurso de Paulo Freire: progresista, humanitario y solidario en educación. En sus propias palabras "rescatemos a Paulo Freire, rescatemos a todo el que ha predicado la igualdad, rescatemos al que ha predicado la liberación de la mujer, a quien ha dicho que el niño es bueno por naturaleza y que no está abocado al mal; a quien cree que los pobres con mejor educación pueden mejorar su situación".

Cuando le preguntan sobre la educación en América Latina a diferencia de en Europa afirma que en la primera: "son conscientes del poder liberador de la educación para salir de la miseria", en cambio en los países más ricos "mucha gente da por sentado que come todos los días sin tener que trabajar, ni ganarlo. ¡Vamos! sin tener que trabajarlo duro y fuerte".

En relación a cómo se puede abordar la violencia desde las escuelas, afirma que muchas veces el miedo a la violencia es peor que la propia violencia pero hay que analizarla y hablar de ella: "hay que hablar públicamente de la violencia, convertirla en algo explícito, abordarla con justicia, con afanes de justicia y con sinceridad ética y ahí denunciar las situaciones de violencia." (...)
Pero el autor va más allá, y propone tratar la violencia en la escuela: "Yo llevaría a la escuela el tema de la violencia como una forma in-satisfactoria de garantiza rderechos, derechos del agredido y del agresor. No el derecho a la violencia, sino qué hay detrás del agresor y qué derechos se deben preservar del agredido, del agredible. Y eso formaría parte de una orientación, de justicia. Por un curriculum justo, por un curriculum sincero moralmente, que habla de los problemas reales y no de las nubes estratosféricas; es decir, hacer realidad y evidente lo que todo el mundo conoce y sabe de forma implícita; sincerarse en el sistema educativo y para ello no hace falta hacer una rebelión contra el sistema o una denuncia política, que saldrá indudablemente del proceso, sino simplemente tratar lo que es real afuera y convertirlo en análisis discursivo dentro, pertrechar al alumno de ideas, si fuera posible de actitudes, que es lo más complicado, y de sentimientos favorables a los derechos del ciudadano y del niño, y por lo tanto ser acusador de las condiciones de agresión y ser defensor de las condiciones que están garantizadas por los derechos humanos y los del niño en particular."

José Gimeno Sacristán cree que no es necesario utilizar medidas externas como la norma ISO para mejorar en la escuela, porque la escuela tiene sus propios parámetros que informarán sobre su funcionamiento de una manera más directa: 
"A un centro que funciona bien, los alumnos van interesados, tienen poco fracaso escolar, hay un bajo nivel de abandono, los maestros y las maestras están comprometidas, los padres colaboran, hay medios económicos suficientes, los chavales están bien alimentados, etc. ¿Qué norma ISO le vas aplicar a eso? Quiero decir, hay criterios de calidad que no necesitan este tipo de planteamientos y la propia tradición pedagógica ya los tiene. "

Estas son algunas de las ideas que aparecen en el debate pero les animamos a leerlo completo para disfrutar con las palabras de José Gimeno Sacristán y embarcarse en las reflexiones que nos propone su texto.