Juan Bautista Martínez Rodríguez nos habla en este artículo de la supresión de la asignatura de Educación para la ciudadanía.
La razón de suprimir la actual “Educación para la ciudadanía” para
el ministro José Ignacio Wert es retirar de esta asignatura el “conocimiento
controvertido”, eliminar las controversias éticas y sociales para que quede el conocimiento indiscutido,
la verdad única y absoluta. Este argumento recogido de las bases del
positivismo decimonónico por la iglesia católica pretende que la educación sea
un conjunto de conocimientos descontextualizados, asépticos, apolíticos,
amorales, estáticos, en definitiva, sin sentido. Olvidan nuestro querido
ministro y sus “expertos” asesores que el motor del conocimiento científico es
precisamente la controversia, el debate, la pluralidad de perspectivas y de
enfoques, la visión desde paradigmas y supuestos diferentes cuyas tradiciones
científicas se han y se seguirán construyendo socialmente.
Justamente en el siglo XXI
los grandes problemas de la ciencía suponen auténticas controversias
científicas, y funcionan como un motor de la producción científica y
tecnológica. Porque la calidad de una democracia depende de la adecuada
comprensión por parte de la ciudadanía de los problemas a resolver, entre ellos
los relativos a cuestiones científicas y tecnológicas. El británico Durant[1]
destaca que la ciencia representa también aquello que más críticamente influye
sobre la manera en que nuestra cultura funciona. Y alerta sobre las
consecuencias de la falta de un adecuado conocimiento de la ciencia por parte
del público porque la democracia es siempre difícil, pero sin un nivel mínimo
de comprensión pública del conocimiento científico, debemos cuestionarnos si
ésta es siquiera posible.
Pero, dada la insistente preocupación de los sectores ultraconservadores
de nuestro país, en realidad el problema lo sitúan en negar algunas
controversias sociocientíficas que les preocupan especialmente aquellas sobre
la teoría evolutiva y la dogmática de la religión católica así como la
concepción de la vida y la procreación humana y biopolítica. A este desmesurado
énfasis añaden la necesidad de justificar el papel que asignan a las mujeres en
la estructura de poder eclesiástico enmarañándose en una extraña visión acerca
de las teorías del género.
Parece, pues, que la “nueva” política educativa consiste en
retirar la capacidad de debate y reflexión de estudiantes, profesores y
familias. Se trata de retirar del curriculum las verdades controvertidas,
aislar al alumnado de los intereses y condiciones que mueven nuestras
comunidades. Adoptar una actitud (anti)pedagógica y paternalista con la
finalidad de no hacer partícipe a los jóvenes de aquellos asuntos y problemas
fundamentalmente discutibles cuyo conocimiento adquieren por los medios de
comunicación. No hablar de sentimientos, de sexo, de problemas, de
discrepancias, de desigualdades, evitando el conocimiento experiencial e
impidiendo conocer las claves fundamentales del funcionamiento de nuestra
sociedad y de la necesidad de vivir con otros.
Todo ello ¿para qué?. Pues para que el conocimiento sea el de
siempre, las ciencias sociales sean descriptivas, las lenguas formalistas, las ciencias
algorítmicas, las artes congeladas, olvidando que la realidad del conocimiento
se vive en la propia experiencia y en las experiencias colectivas. Todo ello para
que funcione el consenso patriarcal y xenófobo en donde los “otros” son o
desiguales o enemigos. Por esa razón no puede ponerse en el curriculum escolar
las controversias tratadas en educación para la ciudadanía y defienden que las verdades
sean indiscutibles, el pensamiento sea un dogma y la realidad indescifrable, evitando
ópticas y miradas que no sean las de las jerarquías religiosas y políticas
conservadoras, las cuales se deben defender de la capacidad de que las y los
ciudadanos piensen, reflexiones, descubran y se independicen del pensamiento
único.
understanding of science”. Science
Public Affairs, Vol. 5, No. 1, pp. 7-22, en 10.


0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada
Gracias por compartir su opinión.